lunes, 5 de marzo de 2007

Propaganda política


En la facultad, cuando nos preparaban para saltar al mundo de la comunicación, impartían una asignatura denominada “propaganda política”. La verdad es que era algo interesante, que te daba unas nociones básicas de las diferencias entre ejercer tu profesión en el entorno político o en cualquier otro entorno profesional.

Aunque debo reconocer que poco recuerdo de aquellas clases, excepto claro está lo buenorro que estaba el profe, lo cierto es que unas nociones básicas sí quedan en mi cabecita. Supongo que, por este motivo, en múltiples ocasiones me encuentro compadeciéndome de los pobres jefes de prensa que tienen algunos políticos de este país y, cómo no, de sus infelices asesores de imagen.

Hoy aparece en la prensa un artículo referente a la “enquistada” lucha política sobre el agua. El cambio climático, con sus sequías selectivas, así como los cambios demográficos sufridos en nuestro país, no han hecho sino agravar una situación ya de por sí difícil.

Según nuestro presidente “todas las comunidades autónomas tendrán agua suficiente” rechazando que los ríos puedan estar “blindados “ en los Estatutos de Autonomía. Además, añadía, el agua no debe utilizarse para desarrollar una “política de crispación”. Acompañando la noticia aparece una foto del presidente y un grupo de políticos bebiendo agua desalada, sin etiqueta de autonomía claro está.

En ese mismo acto, el presidente de Murcia insistía en retomar el tema del trasvase del Ebro y defendía un boicot a las desaladoras. Ahí ya me pierdo, porque entonces de qué se trata ¿de tener agua o simplemente de quitársela al vecino? No obstante, y supongo que siguiendo las instrucciones de su asesor de comunicación, el presidente autonómico en cuestión posa para la foto bebiendo esa agua desalada..


Merx

domingo, 4 de marzo de 2007

Pillados por sorpresa


Domingo recién inaugurado y 25 grados en este Malibú catalán en el que vivo. Esta mañana, ante el fantástico día de verano que nos está regalando el cambio climático en pleno mes de marzo, he pensado que en vez de disfrutar del sofá de casa leyendo tranquilamente el periódico, podía acercarme hasta la playa, desentumecer las piernas y recorrer tranquilamente el Paseo Marítimo o incluso sentarme a leer en la misma playa hasta la hora de comer.

Un plan estupendo, si no fuera porque a más de la mitad de los ciudadanos de Barcelona se les ha ocurrido la misma idea y era totalmente imposible poner un pie en el abarrotado paseo marítimo sin que alguien te pisara. Ante tal panorama, y ya que me había pegado la caminata hasta allí, me he armado de valor, dispuesta a atravesar el paseo y llegar a la orilla de la playa, costara lo que costara.

Sentada en el único hueco libre que quedaba en la arena, estaba a punto de empezar a hojear el periódico cuando dos niños, que venían del agua corriendo, me han rebozado de arriba a abajo, el primero con los salpicones del agua y el siguiente con una nube de arena que ha levantado sobre mi cabeza justo antes de caerse encima mío. Después ha sido un pelotazo furtivo de una de las 500 parejas que jugaban a palas en la orilla, y más tarde un perro, que ha decidido que el castillo que había hecho un papá con su niña justo al lado de mis pies, era el mejor meódromo en los 25 kilómetros de costa de este pueblo para hacer sus necesidades.

Ante tal panorama, y memorizando una a una mis clases de autocontrol, he guardado el periódico, que a esas alturas parecía la servilleta de una churrería, y me he concentrado en observar a los personajes de mi alrededor. Con tanto ajetreo desde que he llegado a la playa, no me había fijado en que la gente me miraba extrañada, y de que algo sí me diferenciaba de todos los que esta mañana habían tenido la misma idea que yo. ¡Todos en bañador! Y yo, la única marciana vestida en muchos metros a la redonda.

El paisaje era aterrador y la culpa, como todo últimamente, la tiene el cambio climático. Normalmente, quien más quien menos, los meses previos al verano pone en marcha su particular operación bikini: una estricta dieta a base de pomelo sacada de una revista, un intensivo de seis horas de gimnasio a la semana, un demoledor tratamiento anticelulítico a base de untarse cremitas y rasparse con una lija tres veces al día, unos rayitos de uva treinta días antes de lanzarse a la playa, dos litros de infusión diurética cada mañana, un nuevo bikini que disimule lo que toda la operación no ha sido capaz de quitar y, sobre todo, una depilación integral de axilas, inglés y piernas completas.

Pero como el verano nos ha llegado en marzo, sin avisar, a escasos dos meses pasados de los excesos de Navidad, no hemos tenido tiempo ni de mentalizarnos, ni de preparar la operación bikini. Por eso, la visión de esta mañana era desgarradora: pieles ultra blancas, michelines desbordados, grasa untada en aceite de coco, granos, eczemas, pequeñas venas varicosas, pelos, muchos pelos por todas partes y sobre todo grasa, muuucha grasa. Y lo peor de todo, esos bikinis descoloridos de algunos añitos atrás que la gente se ha puesto pensando en aquello de “no creo que haga para bikini, pero por si acaso…”

Sí, estas visiones que nos perturban los domingos son los daños colaterales del cambio climático. Y es que este año, el verano nos ha pillado por sorpresa.

Marg

sábado, 3 de marzo de 2007

Qué vida más perra


Otra vez Japón se cruza en mi camino. Una vez más me he detenido en una noticia sobre ese país así que debería empezar a pensar que, una de dos, o de repente todas las “señales” apuntan a que tengo algo que ver con el país nipón o, sencillamente, son muy muy raros.

Creo que la segunda opción es la más probable, y la que por otra parte me deja más tranquila no vaya a ser que ahora mi destino se vaya tan lejos, porque la verdad es que sí son peculiares. Ya de entrada su fisonomía es especial; con esos ojos que te miran escrutadoramente y con cierto aire misterioso, y encima con toda esa cultura milenaria de costumbres, creencias y supersticiones. Y qué me dices de los dibujos animados que tanto nos afectaron a la gente de nuestra generación, sólo sabíamos dibujar niños con cara de Oliver y Benjí!!!!

El otro día era la relación de la limpieza del WC con la suerte que tienes en tu vida. Hoy se trata del mejor amigo del hombre. Sí chica, ahora la novedad en el país de las motos y la tecnología fotográfica, es alquilar por horas un can. Si estás aburrido, agobiado, te sientes triste y sólo..anímate! ya no tienes que conformarte con alquilar una peli de DVD o conectarte a uno de los millones de chats que pueblan la red, sino que ahora puedes alquilarte un chucho y salir a dar una vuelta por cualquier jardín japonés.

Los creadores de la iniciativa afirman que en Japón es donde se dan los más altos índices de sensación de soledad, así el concepto de animal de compañía pasa a entenderse como servicio de acompañante. Según el artículo en cuestión, el precio por hora ronda los 12 euros pero por la módica cantidad de 66 euros puedes quedártelo a pasar la noche en tu casa.

Asusta, ¿a que sí?. Por que claro, a un perro no tienes que darle explicaciones, ni transigir en tus gustos para hacerle feliz, ni tan siquiera renunciar a ver el fútbol de los sábados o discutir por qué canal de la tv te apetece ver. Y si encima, que es lo más escandaloso, el perro no es tuyo sino que está “en comisión de servicio” pues ya ni te cuento.

Personalmente no creo que se trate de un tema de sensación de soledad. La soledad no la cubres alquilando un chucho por horas, por muy cool que resulte el concepto, así que mis neuronas no dan para adivinar cuál es realmente el secreto del éxito de la iniciativa.

Si me dejo llevar por lo que piensa uno de mis amigos, hombre no perro, el éxito estaría en lo que se liga en el parque cuando paseas al can...

Merx

Los bichos se comen la gran manzana


Está claro que no hay nada perfecto. Hace unos meses estuve en Nueva York para cumplir con una de mis voluntades. A medida que fui pasando días en esa ciudad, pateando todas sus calles, conociendo todos sus barrios, tuve la sensación de que estaba encerrada, bamboleándome en la máquina del tiempo.

Nueva York te envuelve, te transporta y te encierra en una burbuja desde la que puedas observar, a modo de hombre invisible, diferentes escenas y a los más variopintos personajes. En pocas horas puedes pasar del agitado mundo de los negocios en Wall Street, a comprar imitaciones en los misteriosos subterráneos de Chinatown, o a contemplar las últimas tendencias del diseño mundial en el barrio del Soho, o revivir el desastre americano del World Trade Center, o deleitarte con las noches de música en vivo en el Village, o pasearte por las bulliciosas calles de Broadway antes de ver un musical, o babear ante el lujoso espectáculo de la moda en la Quinta, o trasladarte a Harlem y vivir una misa gospel como hace 100 años.
Manhatan es simplemente única.

Pero como decía antes, nada es perfecto. Acaban de pincharme la burbuja y he despertado de golpe, sin salir de la máquina del tiempo, ante la otra cara de la espectacular ciudad. La Gran Manzana está plagada de ratas, gusanos, cucarachas y chinches. Pero no me sorprende la noticia, me sorprende la cantidad.

Me dijeron que Nueva York no tiene término medio y debe ser verdad. Tiene 8 millones y medio de habitantes que generan 25.000 toneladas de basura de la que se alimentan cerca de 100 millones de ratas que viven en los 10.500 kilómetros de cloacas. El problema es que cloaquilandia tiene overbooking de habitantes y las ratas salen a buscar comida a los Kentucky de turno. También es cierto que un nugget de pollo siempre es mejor que los restos de comida china en la basura.

Pero las ratas no son sólo el único problema, en el antiguo edificio de Naciones Unidas hay miles de gusanos y en los viejos edificios cercanos al río Hudson se cuelan enormes anguilas verdes. En el West Village la gente lucha en sus casas contra una invasión de polillas negras y en los apartamentos y hoteles de lujo sigue extendiéndose la plaga de chinches que se esconden en los colchones y los sofás.

¿Has leído el Quinto Día? Realidad o ficción, no sé. Pero a la Gran Manzana se la comen los bichos… y a mi me inquieta.

Marg

viernes, 2 de marzo de 2007

El efecto dominó


En muchas ocasiones me he parado a pensar en el efecto dominó. Ocurren determinados hechos en tu vida que provocan una serie de acontecimientos inesperados; supongo que muchos los llamarían daños colaterales (en el caso de que fueran negativos) y muchos otros prefieren denominarlos consecuencias (positivas o negativas).

Yo prefiero quedarme con la teoría del efecto dominó. Quizás porque me parece menos tremendo y me hace pensar más en la gran parte de juego de azar que tiene la vida.

Un ejemplo. Un anuncio publicado en el diario de hoy. Era uno de esos anuncios que los publicistas denominarían pobre y anodino, pero que no por eso ocupaba menos espacio ya que lo han publicado a un tamaño de casi un cuarto de página en una ubicación tan adecuada al tema como deportes (¿?). Me hace gracia lo de la sección de deportes porque se trata de una publicidad de un club de streptess…

Pero bueno, a lo que iba, el fin del anuncio es comunicar la actuación “estelar” de Paloma Barbier. Y te preguntarás quién es ésta para merecer una comunicación tan rimbombante, como si de una estrella del pop se tratara, pero en la misma publicidad aclaran “ ex novia de Derek” y, por si aún te quedaban dudas, añaden “novio de Ana Obregón”..

¿Ves? Es un caso claro de efecto dominó. La estrella en cuestión va luciendo su palmito por toda la geografía española aprovechando el efecto de la “ficha” en que se ha convertido su ex. Éste, a su vez, ha logrado la fama gracias a su relación (y parece que también a sus atributos) con la eterna quinceañera y asidua del mundo rosa Anita. Y ella la ha logrado por…mejor no entremos en ese terreno que nos demanda!

Aunque, entre nosotras, he de confesarte que no acabo de entender qué clase de "distinción" ofrece para una bailarina de streptess ser la ex del tal Derek…

Merx

jueves, 1 de marzo de 2007

Mentiras de empresa



Ahora en cualquier empresa que se precie se habla de la conciliación entre la vida laboral y familiar. Es lo que se lleva, pero en el fondo es una tremenda falacia, porque los que más hacen referencia a ella son los que menos la ponen en práctica.

Me parece loable que el Congreso de los diputados tenga en mente la puesta en marcha de propuestas como la aplicación de incentivos a los hombres que hagan uso de permisos, excedencias o reducciones de jornada con el fin de atender las responsabilidades familiares, o ampliar el permiso a 13 días por el nacimiento de un hijo, o flexibilizar los horarios de trabajo, o crear una bolsa de horas de trabajo para hacer frente a temas personales e incluso el premiar a las empresas que favorezcan a sus empleados con estas medidas. Todo esto, sobre el papel, es el nirvana.

Ahora viene la parte terrenal, la aplicación que hacen las empresas de toda esa batería de ilusiones. Y el tema, ramplonamente se dibuja más o menos así: tu jefe, un director de recursos humanos que ha llegado a su puesto pisando sin compasión a todo el que se le ponía por delante, y a base de pasarse 14 horas en la oficina para poder pelotear sin miedo a dejarse a nadie, aprovecha el momento en el que has ido a decirle que te vas corriendo a una cena familiar, para decirte que te esperes, que quiere enseñarte la presentación que tiene que hacer mañana sobre las ventajas para empleados. ¿Resultado?: la presentación del pelota está perfecta. Tú llegas una hora tarde al aniversario de tus padres.

Es sólo un ejemplo, pero por desgracia las empresas están abarrotadas de hombres que prefieren perder el tiempo en su despacho, aunque sea navegando por Internet, que llegar a casa pronto y tener que ir a comprar al súper, bañar a los niños, o mucho peor, ayudarles con los deberes o incluso bañarlos.

Y del 10% que han decidido que las seis de la tarde es una hora prudente para volver a casa, sólo cuatro de cada diez son hombres. Hombres, que bajo la visión de la empresa, nunca llegaran a ser directores de nada porque se van a media tarde. Y mujeres, de las que mienten cuando se escapan una hora para ver el carnaval de sus niños en el cole, y que molestan más que otra cosa.

¿Por qué no piensa el congreso en establecer medidas para hacer desaparecer a jefes egoístas, inhumanos, machistas, falsos y para los que su vida familiar no es una prioridad?

A lo mejor algún día...
Marg

¿Supersticiosa yo?


Hoy leo con estupor que en Japón se han vuelto unos locos de la escobilla. Sí, al parecer se ha publicado un libro que afirma que si mantienes tu wc limpio atraerás a la suerte.

Ahora no sólo se trata de ser una persona limpia que mantiene en perfecto estado de revista el lugar donde sienta el culo, si no que resulta que si todo te va mal en la vida es porque no prestas la suficiente atención a la limpieza del water.

El libro, cuyo título es “Limpie el servicio para atraer a la suerte”, afirma que está inspirado en las enseñanzas budistas y el feng sui. Recomienda a sus lectores que no sólo deben esmerarse en el uso de la escobilla y el Don Limpio japonés sino que, encima, deben mantener un buen ánimo mientras están entregados a la ardua tarea de atraer a la suerte.

Qué quieres que te diga. Yo, que soy un pelín supersticiosa pero en versión española claro, he ido esta mañana repetidas veces a mi lavabo para ver si realmente la suerte está escondida en mi baño. He revisado si estaba limpio y reluciente, si se había acabado el ambientador o el “pato WC” , y una vez me he quedado conforme con el grado de limpieza me he puesto como una loca a buscar a mi suerte.

Pero nada. A lo mejor es que cuando lo limpio no pongo el suficiente buen ánimo y así me va. No sé, probaré mañana a ver si hablándole y diciéndole " lo realizada que me siento desempeñando esa tarea" la suerte vuelve a sonreirme.

 

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